-Tú, dueña de mi paz, me alejé con temor al no saber decirte lo que siento por ti.
Nada más amanecer me apetece oír tu voz y en el silencio entregarme a la esencia de tu voz.
-Yo, dueña de tu paz, te digo que es muy fácil querer a quién lo da todo, y te digo también que nada más amanecer yo también quiero oír tu voz... Se acabó, ya no quiero hablar... Ven y bésame, regálame tu paz.

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